Una zanfona de la Colección Fontaneda.

    Son escasas las ocasiones en que se nos presenta la oportunidad de acceder a instrumentos de valor histórico como las zanfonas que forman parte de la colección particular de la familia Fontaneda.
    En el castillo- museo de Ampudia (Palencia), se hallan depositadas un total de cuatro zanfonas del tipo que podríamos denominar "ibérico". Por gentileza de María Teresa Berthet, viuda de don Eugenio Fontaneda, pudimos realizar una sesión de medición y fotografiado de estos instrumentos.
    Fue entonces y de manera espontánea, cuando surgió la idea de restaurar alguna de aquellas zanfonas. por ello elegimos el ejemplar cuya puesta en funcionamiento ofrecía mayores posibilidades debido a que conservaba en muy buen estado sus elementos fundamentales. 
    La idea central del trabajo de restauración era devolver la voz al instrumento, respetando al máximo la estructura original. La importancia de mantener el estado en que la zanfona ha llegado hasta nosotros, radica en que supone una preciosa fuente de información sobre su historia y la de quienes la hicieron sonar en el pasado. Ejemplo de esto es la decisión de mantener una antigua reparación destinada a solucionar la pérdida del cierre del teclado. En su momento, alguien utilizó ¡la punta de una varilla de paraguas! para tal fin, clavándola en la tapa del instrumento, junto a la pared del cajón del teclado.
    Hubiera sido fácil, a partir de los datos que conocemos sobre este tipo de zanfonas, reproducir un gancho réplica de los que habitualmente aparecen como originales; pero con ello, habríamos borrado parte de la historia del instrumento.   
    El principal problema a resolver en la restauración de la zanfona era el choque de las cuerdas cantoras con las espadillas. Debido al mal alineamiento de estas últimas, al pulsar la tecla, la primera cantora rozaba con la parte trasera de las espadillas de la segunda cantora.
    Como solución, se efectuó un ligero rebaje de aquellas espadillas sobre las cuales golpeaban las cuerdas y se ajustaron todas ellas, de modo que al ser pulsadas ejercieran un contacto simultáneo en las tres cantoras.
    Es interesante resaltar que todas las espadillas son originales, excepto las que corresponden a las teclas de si, do, re, mi, fa y sol de la primera octava. Asimismo observamos que están confeccionadas en diversas maderas duras, probablemente la primera que cayera en las manos de su propietarios, (roble, haya, encina). Su tall está realizada a navaja y son de factura bastante tosca.
    Todo lo anterior nos aporta información sobre cuales debieron ser las notas más utilizadas en la melodías interpretadas con este instrumento. Del mismo modo se nos abre el interrogante se si realmente fueron cambiadas por el propio instrumentista como consecuencia del desgaste ocasionado por las cuerdas sobre las espadillas o bien debido a su ocasional fractura accidental al intentar ser giradas para afinar los intervalos de la escala.
     Aspecto esencial en el funcionamiento de cualquier zanfona es la rueda, de cuyo grado de perfección depende en gran medida la calidad de sonido del instrumento.
     En el caso que nos ocupa, el estado general de la rueda, era bastante aceptable teniendo en cuenta que, con toda probabilidad se trata de una pieza maciza de nogal (torneada sobre el propio eje de la zanfona). No presentaba restos de ataque de xilófagos y su principal problema estriaba en que presentaba una ligera deformación, origen de una cierta variación de la uniformidad del sonido de las cuerdas.
     Para corregir este problema hubo que proceder al retorneado a cuchilla; aunque previamente había que solucionar otro de los principales problemas que afectaba al instrumento: la holgura lateral del eje. Holgura tanto de carácter horizontal como vertical.
     En las antiguas zanfonas ibéricas, sus constructores empleaban tacos de cuero que hacía las veces de tope del eje, puesto que éste registraba cierta conicidad en su extremo.
Evidentemente se trata de un material que sufre un manifiesto deterioro por el paso del tiempo. Cuando esto ocurría, se solucionaba mediante el emplazamiento de un taco de cuero, abrazando el eje en su parte exterior. Esto se hacía en muchas ocasiones sin quitar la pieza antigua ya gastada. Esto es claveteando el taco nuevo sobre el antiguo, como se aprecia en la fotografía. 
    En la zanfona restaurada se encontraron un total de tres piezas de cuero superpuestas una encima de otra.
    Conforme los criterios seguidos en la restauración del resto de las piezas del instrumento, se procedió a la colocación de un soporte de cuero duro, de manera que desaparecieran las holguras del eje y así proceder al retorneado de la rueda.
    Con estos mínimos ajustes, se ha conseguido el propósito inicial de devolver la voz al instrumento.
    Pese a su poco volumen y a sus deficiencias técnicas, esta zanfona nos ofrece toda una serie de atractivos y sensaciones de sabor antiguo que nos ayudan a entender su historia. A través de ella nos adentramos en el mundo que frecuentó su constructor, posiblemente alguien que, sin llegar a ser un profesional de la luthería, tuvo el valor y la afición suficiente como para llegar a crear toda una serie de zanfonas de muy parecida factura.
     También nos habla de las andanzas y costumbres de sus propietarios: las marcas dejadas en el instrumento por su antebrazo señalan una clara afición a tocar con la tapa abierta, las reparaciones circunstanciales efectuadas en él, así como las cuerdas que fueron utilizadas en mayor modo y las teclas que fueron pulsadas con más frecuencia para le ejecución de las melodías que interpretaba.
     Es en todo este caudal de informaciones y experiencias tan profundamente humanas donde reside el mayor atractivo de esta zanfona; en definitiva en la memoria que nos transmite.