LA TRANSICIÓN O EL PERRO

     Si comparamos atentamente el modelo español de zanfona al uso, con un modelo francés actual, podemos anotar una serie de detalles que las diferencian, pero el más importante quizá sea ese pequeño puentecillo móvil al que llamamos, traduciendo literalmente del francés, "el perro". Las zanfonas españolas antiguas, no le tenían. Existen suficientes modelos conservados como para asegurarlo. No existe, por tanto, ningún motivo histórico para incluirlo en las zanfonas de fabricación actual. No obstante, y a título personal, yo soy partidario de incluirlo, y lo suelo hacer en casi todas las zanfonas que me encargan. Existen muchas razones que me han llevado a esta conclusión.
     En primer lugar hay que pensar que, a no ser que nos dediquemos a realizar un trabajo de arqueología musical, cosa que yo tengo el enorme placer de realizar con frecuencia, todos los instrumentos evolucionan. Son numerosos los ejemplos organologicos en los que encontramos datos: la inclusión de los pedales en el arpa, para hacerla mas versátil; la incorporación de una quinta cuerda en el laúd, por Ziryab en el s IX, para aumentar sus posibilidades; la innovación de los pistones en los metales, para acceder a un mayor numero de notas; las llaves de los vientos, etc. Es decir, que no se debe confundir el trabajo de reproducción de un instrumento antiguo, con la fabricación de un instrumento actual, sujeto a las necesidades de nuestros interpretes, y de nuestro tiempo. Hoy en día se puede decir que prácticamente nadie construye zanfonas copiando modelos antiguos, es decir, respetando planos, calibres, colas, tipos de madera, etc. Todos los constructores han desarrollado sus propias plantillas, sistemas y moldes.
     Las innovaciones no suelen venir dadas por el capricho de un constructor, y si así fuese y no demostrasen su utilidad, la innovación no agarraría en el mercado de los interpretes y pasaría a ser un hecho aislado. Por el contrario si un constructor de instrumentos encuentra un mecanismo, un sistema, o cualquier avance que facilite la ejecución, no solamente será aceptado por los músicos, sino que será rápidamente incorporado por los constructores contemporáneos, ante el riesgo de quedarse en tierra con los encargo. Estos cambios siempre vienen dados por exigencias artísticas, sociales y estéticas. 
     Para mi la inclusión del perro es la confirmación de que éste incrementa las posibilidades de nuestras zanfonas, y de que si queremos abrir las opciones interpretativas de ellas, debemos dar la bienvenida a las mejoras. Eso si, hay que estudiar y practicar mucho. El perro no toca solo.  
     Al hablar de cambios o evolución, no estoy necesariamente pensando en pasar de un instrumento malo a uno mejor, sino que insisto en considerar los cambios que cada época lleva consigo. Personalmente prefiero interpretar a Mudarra con una vihuela y a Sor con una guitarra clásico- romántica, pero para tocar blues, que me den una Gibson Les Paul, por favor.
     Durante el s. XIII francés, la zanfona experimentó ciertas modificaciones, estuvo de moda durante algún tiempo, se fabricaron muchos instrumentos, se compuso música específica, etc. En definitiva, se creó una cultura en torno a la zanfona. Esta cultura ha permitido que, tras haber llegado su decadencia en los ambientes cortesanos, se haya mantenido en Francia como un instrumento vivo hasta nuestros días.   
     Ni en España, ni en otros países europeos como Inglaterra o Alemania, sucedió esto. Muy al contrario, la zanfona fue desapareciendo gradualmente.
     Sin embargo, y desde las tres o cuatro últimas décadas, el instrumento ha despertado un creciente interés. A nuestra generación, para bien o para mal, nos ha tocado ser protagonistas de este cambio. Somos responsables de nuestros actos, nuestro trabajo, y del alcance de nuestras opiniones.
     En la mía, lo mejor que podemos hacer con los ejemplares antiguos es cuidarlos, guardarlos en museos, levantar plano, hacer estudios profundos de lo que fueron y para lo que sirvieron, porque son la memoria de nuestra historia. Pero esa memoria no puede encorsetar nuestras decisiones de hoy. 
     Hay quien opina que al introducir nuevos instrumentos se pierde el carácter de nuestra música. Yo no estoy muy seguro de que sea el instrumento el único responsable de ese carácter identificativo. El instrumento quizás solamente aporte un color tímbrico, pero nada más. Es mucho más importante el lenguaje estético, la forma interpretativa, la ornamentación, el estilo, etc, que los propios instrumentos. Baste pensar en el violín, que se utiliza igualmente en la música hindú, en el country americano o en los verdiales de Málaga. Creo más relevante conservar las formas de interpretación con el suficiente rigor, que ponernos nerviosos porque se le añade un mecanismo a un instrumento tradicional. Máxime cuando no pestañeamos al interpretar nuestras músicas autóctonas con instrumentos foráneos, que forman parte de nuestra tradiciones desde hace no más de una veintena de años. Tranquilidad ante todo; hay espacio para ambos instrumentos. El tradicional étnico, y el actual renovado.
    En fin, que después de este batiburrillo de conceptos solo me resta añadir que creo que todos nos debemos esforzar en mejorar la calidad de la zanfona. Los constructores tenemos la obligación de solucionar los problemas técnicos y acústicos, y los músicos tocar más y mejor cada día, e interpretar con ella todo tipo de músicas, demostrando así la universalidad y lo maravilloso de nuestro instrumento, con perdón.
     Para terminar ya, creo que lo más importante de todo es no ponernos demasiado transcendentes con el asunto. Es decir, que hay que tocar, cantar y bailar y dar vueltas al aire, como el fraile de la copia.